martes, 17 de enero de 2017

La importancia de un buen comienzo

 Cómo en cualquier ámbito de la vida, el comienzo es una parte importante de cualquier historia. En casi todas las grandes novelas, el inicio es espectacular. Bien sea una novela de 600 páginas o un microrrelato de 500 palabras, la historia ha de comenzar de forma que el lector quede atrapado en nuestras redes desde la primera línea. Más nos vale.
 Uno de los errores más comunes que comete un escritor novel es empezar con una larga descripción en las primeras líneas. Qué está haciendo, cómo es, donde vive,...serán cuestiones para ser desarrolladas más adelante. La historia debe comenzar con algo que le sucede al protagonista. Ha de ser un hecho importante, extraordinario, un cambio radical en su vida habitual que le haga salirse de su zona de confort.
 Este hecho, importante en una novela, se antoja crucial en un relato corto donde no queda espacio para lo superfluo. Construir una gran historia se hace desde la primera palabra y no es algo que se pueda dejar para luego ya que si no impactas desde el principio, nadie salvo tu madre leerá el final. 
 Con demasiada frecuencia los escritores noveles acaban la historia justo donde un escritor experimentado la empieza. Hacen, de lo que debería ser un simple comienzo, toda una historia. 
 Existen diversidad de temas, ejercicios y experimentos capaces de entrenar a cualquiera que lo desee en esta tarea.  Con ello lograremos centrar la trama, tener más claro el entorno, las ideas que queremos utilizar, el carácter de los personajes,... . El material conseguido será, en su mayoría, desechado. Pero este entrenamiento nos habrá servido para alcanzar un alto nivel de complejidad en nuestra historia.  
 Otra buena idea es escribir la primer escena de varios formas distintas. Si se puede, incluso totalmente contrapuestas. Hacerse una lista de objetivos a cumplir en la primera escena y ver cual cumple mejor con su cometido es una buena forma. 
 Puede empezar la primera escena con la descripción de algunos objetos, visualizándolos y situándolos en la escena con el fin de darles la importancia adecuada. O varíe los puntos de vista como narrador omnisciente o como un narrador ajeno.
 Uno de los inicios más cómodos son los diálogos, pero son también peligrosos porque exigen la necesidad imperiosa de captar la atención del lector. Inicie la escena con unas pocas líneas de diálogo entre dos personajes de la historia, no demasiadas. Trate de que sean importantes para el argumento, de que den pistas sobre el carácter del personaje principal.
Finalmente inicie la primera escena con una descripción del lugar donde ocurre, incidiendo en detalles importantes de la trama o que nos cuenten algo sobre la personalidad del personaje principal. 
 Y otro hecho importante es, una vez más, no darse por vencido. No se contente con un simple aprobado si puede hacer que su obra empiece de sobresaliente. Sus lectores lo agradecerán.