sábado, 23 de julio de 2016

El esfuerzo por ser originales

Ser original en cualquier faceta de la vida es algo complicado. Cuando al escribir caemos con frecuencia en ideas manidas e imágenes muy usadas corremos el riesgo de perdernos entre las brumas del aburrimiento, enfangando nuestra trayectoria y convirtiendo el disfrute de escribir en un suplicio.

Tanto en narrativa como en teatro o en guiones para películas, hay varios espacios donde podemos encontrarnos con este problema con asiduidad. 
Personajes

Hay que analizar principalmente dos modelos:
-Modelos básicos. A partir de ellos se construyen personajes más profundos, cuyo legado e historia rompe la barrera del tiempo y la interculturalidad. Alatriste, Aragon, El Cid,....son ejemplos clásicos de este tipo de personajes.

-Modelos estereotipados. Son planos y llenos de tópicos. No evolucionan y su presencia en nuestras tramas suele ser testimonial.

Metáforas

Usadas para describir y ambientar, las metáforas son "la aplicación de un concepto o de una expresión sobre una idea o un objeto al cual no describe de manera directa, con la intención de sugerir una comparación con otro elemento y facilitar su comprensión".
No es algo fácil ya que hemos de intentar al mismo tiempo ser originales y sencillos para que la imagen que se forma en la cabeza del lector sea la buscada. Es muy típico repetir imágenes muy trilladas. (Una rubia cabellera como el fuego o buceando en sus azules ojos).
Ya sabéis que la principal regla a la hora de escribir es “muestra, no cuentes”.

Tramas

Es tal vez el punto más peliagudo a la hora de evitar los clichés, porque no es nada fácil saber cuándo estamos siendo originales. Aquí habrá que tirar un poco de autocrítica e intuición, pero es mejor huir de ellos. No se trata de tener que rizar el rizo siempre, pero sí evitar las tramas tópicas porque serán previsibles para el lector.

Cuándo podemos recurrir a los estereotipos


1. Primer borrador: cuando escribimos el primer borrador de nuestro texto, lo mejor que podemos hacer es no obsesionarnos con los clichés, al menos en las metáforas. En las tramas y en los personajes, en cambio, deberíamos haberlos evitado ya en la fase de planificación del texto.


2. Diálogo: no siempre, claro está, pero a veces podemos dejar que se nos cuele un cliché en los diálogos. La gente habla así, recurre a refranes y expresiones conocidas; no todos los personajes pueden ser tan ocurrentes. De vez en cuando, podemos emplear clichés para los diálogos de un personaje para hacerlo más simple, más común.

3. Comedia y parodia: un género en el que funcionan bien es en el humorístico. Pero también aquí es fácil caer en los tópicos y no hacer gracia. Cuando recurrimos a los estereotipos como chiste ha de ser para darles otra vuelta de tuerca, para tomarlos como base y añadirles elementos nuevos que los hagan originales y divertidos. Nada fácil, lo sé. Pero si no hay reto, ¿dónde está la gracia?

4. Trama: al igual que en el punto anterior, podemos recurrir a los clichés siempre y cuando partamos de ellos para luego darles un giro sorprendente. Se trata de aprovechar el hecho de que el lector cree que sabe lo que va a ocurrir porque lo ha visto antes y, cuando menos se lo espera, se rompe el tópico y pasa otra cosa.